Ensayo sobre una Puta

La vida es un juego en el cual los hombres apostamos nuestras mejores cartas, el amor es una consecuencia de los actos no reclamados y la vida es tan sólo una respuesta a las plegarias del amor.

 

Aquella noche las estrellas se asomaban sin pena bajo el manto nocturno, la luna iluminaba su camino y se veía hermosa, era ella, nadie más podía reflejar tanta seguridad, tanta belleza, tanto coraje y tanta hermosura… Las luces iluminaban un letrero enorme que declaraba la permanencia del cabaret, los hombres iban y venían cual hormigas trabajando, las mujeres, pocas, entraban y pocas salían acompañadas, la calle solitaria y la vida igual que siempre, – asesinatos aquí, asesinatos allá – todo igual, fue la primera vez que yo entré en el Calígula, lugar de hombres de decisión, hombres de amor….

El primer paso fue el más difícil, la resistencia de la soledad y la fidelidad forman un camino demasiado espinoso, la vida transcurre rápidamente justo a través de nuestras venas, los latidos se sienten en la mente y el sudor recorre con sus gotas la columna vertebral, la vida forma un espejismo frente a nuestros ojos y la puta se balancea a través de un tubo justo frente a nuestros ojos invitándonos a un placer inesperado, un placer prohibido, un placer que no entiende la sociedad, un lugar peligroso, una aventura riesgosa y una experiencia religiosa.

Fue en ese momento cuando mis ojos fijaron la mirada en su contorno, su desnudez llamaba mis pupilas, la perfección de su silueta iluminaba mi vida, aquella noche la había olvidado, los dolores enterrados y la nueva vida nacía frente a mis ojos, era una puta la que me devolvía la razón, era una puta la que eyaculaba mi razón. Siempre me habían dicho que la vida daba muchas vueltas, más nunca lo había entendido, una noche antes aquella mujer había salido de mi vida, más rápido de la forma que entró, más fácil que una cerrazón, las razones sobraron el corazón se ausentó y la razón desapareció, fue simplemente un discusión final, una discusión sin sentido en donde el respeto se había olvidado y las vidas marcaban un parte aguas diferencial en los caminos

Fue el momento aquel en que le di mi corazón, aquella puta se había llevado mi razón, su contorno perfecto y su sexualidad incitaban mi deseo, la veía, no me cansaba, jamás le hablé, jamás la toqué, solo supe que ella estaba dispuesta, solo supe que haría lo que fuera. En la vida hay dos razones fundamentales, existen aquellos que siguen tendencias y aquellos que las marcan, yo no había seguido ninguna, pero tampoco nadie la había marcado, era un iluso enamorado de una puta, era un iluso enamorado de un cuerpo perfecto, era lo que imaginaba, era lo que yo deseaba, acercarme, cada paso era un reto, cada paso era un descubrimiento, la vida me jugaba rudo y las ilusiones desaparecían, era una simple puta, una puta que me ofrecía sus carnes, una puta que decía quererme, una puta que figuraba amarme.

Cuando la conocí me trató de enamorar, me trató de impresionar, me explicó mil conceptos de sexo y de amor, la experiencia y el ardor, la vida y el sufrimiento, las putas y sus problemas, pero solamente podía ver en ella una mujer devastada por el sufrimiento, esperando un amor, que tal vez… jamás llegará. Las putas, son sólo eso, mujeres solitarias, desesperadas, que entregan cada vez un amor, que fingen cada ocasión, simplemente compasión. Cuando le pregunté porque era puta, solo me respondió que no la juzgara, sólo era una puta de corazón…

Escuchando: La nave del olvido – José José

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