Azufre

Tenía meses que estaba en grandes problemas, tenía días que no encontraba una sola oportunidad, nada aparecía en mi vida, esta vida de pacotilla que parecía más una penitencia que una verdadera existencia, había dirigido mil veces mis oraciones hacia Dios, pero mi fe estaba quebrada en ese momento, de hecho mi vida era la que se encontraba destrozada, de un momento a otro llegarían por mí, y sabía que sin misericordia sería masacrado en mi propia habitación de impecable alfombra blanca que tanto había cuidado en aquellos años de bonanza, se encontraba hoy esa misma alfombra de color grisáceo, llena de manchas de todos colores que sólo denotaban mi estilo de vida durante los últimos años. Me preparé para lo inevitable, sabía que la muerte era mi destino, sabía que el infierno sería mi paraíso, pero debía llegar a él de una forma digna, o al menos, lo más dignamente posible, utilicé aquel traje de Valentino que había comprado hacía ya años, oscuro como mi vida, mi color preferido, de camisa elegí aquella Zegna blanca que tanto me gustaba y que me acompañaba a todas partes, cual retrato andante, la corbata, esa no importaba, a fin de cuentas, casi nunca usaba, al final del día el Sol poniente se ocultaba, y la tarde mutaba en un rojizo impecable, digno de una ciudad polucionada como esta, que irónicamente es .. De la esperanza.

Podía sentir el sudor de mi rostro recorrerlo lentamente, como llevándose en cada gota mis pecados, pero parecía que nunca terminaban, estaba empapado, los dedos no paraban de moverse, y seguramente la alfombra había sido desgastada por mis constantes vueltas a la habitación, sobre la mesa, sólo estaba una pistola y dos líneas blancas que sobraban, pero que preparaba para el último momento, todavía sentía la nariz dormida, y ese sabor amargo en la lengua, la taquicardia propia de la acción y el escurrimiento derivado del “blow”. Fue en ese momento en que levanté mi última súplica al cielo y aunque sabía que era tarde, lo intenté, obviamente no encontré respuesta alguna, o tal vez no esperé lo suficiente, pero fue ahí justamente cuando mi vida cambió, mi desesperación me llevó a invocarlo, estaba casi seguro que si no existía uno, el otro probablemente correría la misma suerte, aunque irónicamente recibí respuesta inmediata a mi plegaria al revés.

¿Cómo fue?, no lo sé, pero en un momento todo cambió, la habitación se llenó de un olor a azufre, la temperatura se elevó a niveles insospechados, yo miraba por la ventana, no tuve el valor de voltear, no sé si lo imaginé o en verdad me habló, y la pregunta fue la única que podía esperar – ¿Qué deseas?, estoy seguro que no respondí, mis labios no podían moverse, pero sé que mi pensamiento fue leído por él, y sé también que lo único que pedí fue que todo terminara, volver a empezar, una nueva oportunidad, lo que jamás podía imaginar fue el costo que esto tendría para mi vida, efectivamente aquella tarde no terminó como lo esperaba, no fue la última como lo había pronosticado, pero tampoco fue la peor, todavía recuerdo aquella despedida, inolvidable para mí, “Fue un placer hacer tratos con usted, señor”.

Y tal cual lo había pedido, volví a comenzar, las oportunidades llegan a manos llenas, y mi vida es próspera y exitosa, desafortunadamente, no siento nada, no encuentro satisfacciones, tampoco encuentro placer, no siento amor, pero tampoco odio, no quiero, no deseo, la indiferencia es mi nueva religión, mi vida es mecánica y no humana, el costo que pagué fue muy alto, mi vida me costó otra indiferente, todavía recuerdo a aquel vagabundo que me gritaba “Tengo dos noticias para ti, una mala y la otra es peor, la primera es que tu alma no es tuya más, la otra es que tu vida está muerta ya”, en ese momento no le tomé importancia, hoy 7 años después, con una vida de penumbras comprendo el significado, morí hace tiempo, pero me aferraba a vivir, hoy sé que mañana me espera un paraíso rojo en un baño de azufre y después, y después volveré a empezar…

Una respuesta to “Azufre”

  1. IxcheL Says:

    Excelente, me da gusto saber que ya están por acá, pues a seguir blogeando.

    ¡Bienvenido a WordPress!

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