El viaje y la poderosa

La tarde estaba soleada, como aquel sol intenso del verano que alumbra y quema la piel, la hora del poniente se acercaba y el polen circulaba libremente, fue justo en ese momento en que me di cuenta que me observaba, tenía la vista fija en mí, no pude dejar de esbozar una sonrisa a esa niña pequeña que no dejaba de poner sus ojos sobre mí, me di cuenta de que estaba sólo, mi casa estaría vacía a mi regreso, nadie espera a nadie, lo irónico es que yo esperaba todo, lo que fuera.

Me dirigí al auto, miré por encima del hombro y no había nadie, otra vez solo; el sol inmolaba mi cuerpo y el aire de la velocidad le daba una esperanza, la gente se movía o tal vez era yo el que se encontraba en movimiento, mi vida pasaba por la ventana del auto y se fugaba con mis sueños nunca cumplidos, subía aquellas escaleras, viejas, sucias, descuidadas, busqué la llave y por fin pude abrir el apartamento, estaba sólo nuevamente; la vida me daba una lección y las fotografías parecía que me veían, las luces tenues daban un ambiente sobrio, frío, amargo, sobre la mesa sólo habían botellas, refrescos, un vaso, un cigarro y la poderosa, ahí estaba ella, tan bella como siempre, mortal como ninguna, estaba limpia todavía, no había pecado jamás, fue justo en ese momento que decidí enfrentarme a Dios por esta vida tan miserable, le hice miles de preguntas y de ninguna obtuve respuesta, lo insulté, lo alabé, incluso lo ignoré y lo negué y no recibí respuesta alguna, pensé que el no tendría la culpa de mi desdicha, que tal vez no existiría así que me dispuse a discutir con la vida, mi miserable vida, decidí que la mejor forma de enfrentarme a ella era retándola, ella o yo, la moneda estaba echada al aire. Como nunca odié a la poderosa.

La tomé en mis manos y la acaricié, incluso la rocé con los labios suplicándole consideración, no había más opción, era la hora, solo habría una oportunidad, ¿retaba a la vida o la vida me retaba a mí?, tal vez era solo una estupidez más de mi soledad, las manos sudaban, las piernas temblaban, una gota recorría mi rostro desde la frente hasta el mentón, el aire era tan perceptible como el sonido del corazón que palpitaba en una loca carrera por la vida, era como si el corazón tuviera prisa de vivir y la muerte viniera detrás tratando de frenarme, miré a la ventana y la noche vencía nuevamente al sol en su lucha interminable, en su apasionado encuentro en donde sólo uno vencía, podía escuchar las manecillas del reloj de la cocina, jamás me había percatado de la belleza de ese sonido, era el momento de la verdad, solo habría un ganador, la vida o yo; solo habría un pecado en la poderosa, giré el tambor, se podía escuchar el sonido del giro y los engranes, la adrenalina recorría mi cuerpo y mis piernas temblaban aún más, el tambor detuvo su danza sexual y daba pié al encuentro, ella o yo, tomé a la poderosa con una sola mano y la alcé hasta la altura de mi sien, sentí el frío del metal y el dolor de mi alma que clamaba libertad, el teléfono sonaba pero no podía distraerme, no había más que hacer, era tiempo de enfrentarme con la vida.

Sentí una lágrima que me recorría lamiendo mi rostro áspero y que se perdía en la barba de tres días, ahí estaba yo de pié junto a la cama con la poderosa en mano apuntando hacía mi cabeza, solo tenía que jalar el gatillo, la mano temblaba y el sudor escurría por la poderosa, sería yo su primer pecado, mis ojos se perdían en el fondo de la habitación y recorrían mi vida en cada minuto vivido, recordé lo que significaba vivir, logré ver con detalle mis alegrías y mis fracasos, no me atreví, bajé la poderosa y apunté hacia mi cama, un estruendo salió de la poderosa, un tirón sacudía mi brazo y algunas plumas de mi almohada volaban por la habitación, si hubiera seguido el reto la vida lo habría ganado, ese habría sido mi destino, el timbre de mi departamento sonaba con insistencia y los gritos de la vecina se escuchaban hasta el cuarto, acudí a la puerta e inventé mil explicaciones del sonido fue en ese momento en que decidí que tenía que largarme.

Hoy me encuentro en la misma habitación en donde la vida me mostró que ella siempre gana y en unas horas parto hacia mi nuevo destino, me voy a un lugar en donde el tiempo no existe y las direcciones no se encuentran, me voy a mi propio Olinka utópico en donde los hombres son libres y el amor es abundante, no se si algún día regresaré, no se tampoco si llegaré, lo que se es que me voy y he tomado la decisión, en unas horas parto hacia mi nuevo jardín botánico en donde el polen vuela a la hora del poniente y el rojizo cielo no es más que el amor convertido el sexo del sol con la bella luna que inicia su danza y su lucha y apaga al sol con su oscuridad iluminada con pinceladas estrelladas, como Pollock en sus lienzos. Me voy y me despido, me voy muy lejos a estar sólo y en busca de mi identidad, de mi felicidad, de mi coraje y de mi amor que alguna vez perdí y que añoro encontrar nuevamente, así es como emprendo mi viaje, con sólo una maleta llena de ilusiones y momentos, de lágrimas y tormentos, que aunque está vacía pesa una eternidad desesperada. Adios.

Escuchando: Apuesta por el Rock &Roll – Héroes del Silencio

Una respuesta to “El viaje y la poderosa”

  1. IxcheL Says:

    Se dice que no hay peor soledad que cuando se está acompañado, yo la eh sentido en alguna ocasión, te absorbe, te lleva, juega contigo, te toma, te deja, se burla, sonríe, la vida tiene muchos matices…

    Saludos Lalito.

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