De amores perdidos y otras perversiones

DE AMORES PERDIDOS Y OTRAS PERVERSIONES

La tarde en San Agustín se tornaba fría, la oscuridad se iba haciendo presente conforme Jacinto caminaba hacia su casa al encuentro de Matilde, su único amor. Días antes los problemas se habían hecho presentes, por un lado Jacinto y la inseguridad causada por ciertas actitudes de su novia y mal humorado por el exceso de trabajo tornaban la relación complicada, por el otro Matilde con su hartazgo y dudas que le acechaban acerca de sus sentimientos crearon un ambiente complejo, oscuro, y no es que no exista amor, es que si no se alimenta se va muriendo y al parecer este amor estaba en coma. Paso tras paso Jacinto meditaba, un fin de semana fuera de la Ciudad le habían permitido extrañar a Matilde, por su parte, ella cansada de la monotonía de la relación había decidido terminarla aunque doliera, fue una decisión difícil, pensada hasta el cansancio, la liga se había estirado y no pudo resistir más, las circunstancias no ayudaban, las necesidades se habían incrementado y pocas de ellas se habían satisfecho, la cuerda estaba rota y el amor caía al vacío, un vacío lleno de dudas y desesperanzas, la decisión fue rotunda, “Hemos terminado y creo que es lo mejor” fueron las palabras finales de Matilde, por más intentos de Jacinto por remediar la situación la decisión había sido tomada.

La cabeza de Jacinto no paraba de darle vueltas al asunto, no podía creer que el amor había desaparecido, la mitad de un lustro había transcurrido junto a su amada y de la noche a la mañana se esfumaron los sueños, las esperanzas y el amor voló de su vida, su cabeza le exigía la retirada, por orgullo simplemente, pero su corazón le suplicaba la esperanza, y es que Jacinto moría de amor por Matilde, una amor tierno y apabullante que tal vez fue eso lo que terminó la relación, no paraba de llorar, la habitación se vivía lúgubre, sobria en exceso, la tristeza caía sobre el ambiente y la humedad sobre la almohada despedía olor a pena, la sensación de vacío inundaba su ser, una parte de su alma se había perdido aquella tarde, era una muerte en vida con pocas esperanzas de resurrección.

Por su parte Matilde lloraba también la pena, y es que aunque la duda de amor estaba presente, el cariño era bastante y el recuerdo era como un clavo entrando por la piel que causaba dolor y angustia, y es que aquel hombre había sido parte fundamental de su vida, juntos caminaron hacia un sueño falso, hacia una vida prefabricada con un objetivo simple, un sueño que no se construyó desde las bases, era ahora cuando Matilde lamentaba aquellos faltantes, el tiempo perdido y las cosas pendientes, los cambios habían sido requeridos pero nunca ejecutados, y es que Jacinto vaciló ante el temor de un cambio y estos nunca aparecieron. A pesar de su dolor, de sus dudas y sus temores, Matilde se sentía libre, había roto unas cadenas que aunque no le pesaban había momentos que le estorbaban, y es que hizo falta espacio, y la recompensa era una presión menos en su agitada vida, y es que en San Agustín la pizca era la ocupación del pueblo y ella mantenía largas jornadas para terminar cansada hasta los huesos, y ahora sin Jacinto tenía tiempo, tenía espacio y tenía libertad y por más que lo extrañara, la duda del amor que sentía invadía su mente, no sabía si el amor había escapado o se había escondido, o si lo sabía al menos no lo quería aceptar, no era el momento.

Las tardes de Jacinto eran insoportables, no paraba de pensar en ella, meditaba, hablaba solo, lloraba y desesperaba ante la búsqueda de esa parte del alma perdida, y es que el dolor no era por la decisión de Matilde, sino por haber perdido el amor de su vida, por saber que aunque dio todo de su ser, hizo falta cambio, y es que aunque ahora estuviera dispuesto a mover el mundo, era demasiado tarde. Pensaba y pensaba, examinaba sus acciones y se daba cuenta de su error, se dio cuenta de que pudo haber sido diferente, se dio cuenta que pudo haber sido feliz, ahora el tiempo castigaba y la desesperación se hacía presente, y es que Jacinto buscaba una respuesta, no deseaba presionar a Matilde porque también sabía que no era justo, entendía su situación y su sentir, pero no quería seguir con esa duda que lo agobiaba noche y día, y es que deseaba saber si valía la pena mantener la esperanza o terminar con el sufrimiento de una vez por todas, y es que saber si el amor se había extinguido o sólo se había escondido era muy importante, era como mantener una esperanza a salvo, darle al corazón la razón y perder esa parte de angustia, dejar de lamentar y empezar a actuar, reconquistar el corazón de Matilde, alimentar el amor y tal vez así, algún día volverían a estar juntos; pero también estaba la otra situación, confirmar el lamentable “Ya no te amo” que su cabeza predecía y por más que doliera resultaba mejor a seguir en la zozobra, clavar la daga y matar de una vez por todas a la esperanza, enterrarla y pisotearla le ahorrarían muchos días de lágrimas y tristezas a Jacinto, al saber que su destino se alejaba de Matilde, se vería obligado a continuar un camino paralelo, sin ella, sin sus dulces besos, sin su fascinante olor y sin ese amor por el que había vivido y trabajado tanto tiempo.

Se había decidido, Jacinto enfrentaría de una vez por todas a Matilde, no la presionaría por regresar, tampoco fomentaría un ambiente de controversia, le explicaría a ella la situación y tal vez así podría entender su sentir, explicarle que comprendía su necesidad de espacio era lo más complicado, aún así sabía que si se daban las condiciones necesarias podría funcionar el momento, sólo deseaba conocer su sentir como pareja, si el amor se había perdido o si el amor simplemente estaba enfermo y habría que cuidarlo y alimentarlo, lo demás se daría con el tiempo, si la respuesta era positiva haría hasta lo imposible por recuperarla, no estaba dispuesto a perderla si existía amor, no estaba dispuesto a dejarla ir tan fácil, pelearía por ella hasta el final, dejaría el alma y hasta los huesos en el intento, pero también sabía que si resultaba negativa tendría que partir, San Agustín no era un lugar ideal para enfrentar la pena, y es que la cercanía no le permitiría olvidarla, si el amor se había perdido lo mejor era desaparecer por un tiempo, sabia que si eso la hacía feliz se iría para dejarle el camino libre, a fin de cuentas el amor es eso, el amor es vivir, trabajar y luchar para construir un camino, un camino que lleve a la felicidad a la persona amada, no importa cuanto cueste, no importa lo que pueda llegar a doler.

Matilde disfrutaba el espacio, disfrutaba la libertad que ahora gozaba, no quería pensar el Jacinto, al menos no todavía, quería vivir, y aunque lo extrañaba de una forma especial no resultaba indispensable, se veía contenta, relajada, como hace mucho no se le veía, lo que menos quería era saber de él, al menos no en este momento, por momentos le inundaba la tristeza, lo extrañaba de sobremanera, pero se resistía a llamarlo, no quería lastimarlo más, muchas veces se había preguntado si en verdad ya no lo amaba y no se atrevía a decirlo, o si en verdad lo amaba tanto que le daba miedo no poder dejarlo nunca y perder esa libertad que ahora gozaba, pero por el momento evitaba constantemente la respuesta, quería evitar a toda costa al molesto de Jacinto que a pesar de estar separados, no la dejaba a sol ni a sombra, sabía que tarde o temprano tendría que tomar la decisión, esa que podría hacer feliz a un hombre o quitarle un sueño, pero a pesar de todo ella estaba tranquila, al igual que Jacinto sabía que lo había dado todo, y ahora que sabía que él estaba dispuesto a cambiar la melancolía solía invadir su pensamiento, pensaba el porque no sucedió eso antes, ahora era tarde, o al menos eso era lo que pensaba. Y es que no quería equivocarse al dar una respuesta errónea, no quería terminar algo que después podría extrañar y sufrir de sobremanera por un momento de hartazgo, pero tampoco quería dar falsas esperanzas.

El momento había llegado, a fin de cuentas, no hay plazo que no se cumpla, Jacinto estaba dispuesto a resolver su duda, no quería interferir con la decisión de terminar la relación que había tomado Matilde, sólo deseaba saber ¿Dónde había quedado el amor?, esto le permitiría vivir con la esperanza, actuar y reconquistarla o clavar la daga al corazón que tanto agonizaba, la cita estaba dispuesta, Jacinto la esperaba en aquel árbol que veía ocultarse al sol por las tardes, el mismo que muchas ocasiones les había servido de refugio, la cita era a las 6 de la tarde, una lágrima de él se asomaba por su rostro al marcar las 7pm, parecía inevitable, Matilde al parecer había tomado una decisión, el cielo estaba rojo, como llorando penas, Jacinto sentía un extraño cosquilleo por todo el cuerpo, cuando se disponía a marcharse con la esperanza perdida, miró al cielo y la Luna le suplicaba esperara, al menos hasta el momento, ya no tenía nada que perder.

CONTINUARÁ CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE…

3 comentarios to “De amores perdidos y otras perversiones”

  1. IxcheL Says:

    El amor dura lo que tiene que durar.

    Buen ensayo.

    Saludos y salud😉

  2. Montse Says:

    =) Animate, lindo, “Lo que no te mata. te hace más fuerte”
    Y tu eres más fuerte que esto, =)

    Opino igual que IxcheL. es un buen ensayo
    y la continuación ojala que sea lo mejor para ti

    Saludos🙂

  3. apyo Says:

    otra excelente crónica, tan llena de emociones que hace transportarse a lado de los personajes

    un muy afectuoso saludo

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